Abril 2011
La madrugada del viernes estaba orando preocupado por lo que veo en la
Iglesia del Dios Viviente, veo falta de compromiso, enfermedades constantes,
desavenencias en las familias, hijos rebeldes, apáticos a las cosas de Dios lo
mismo que los padres. Matrimonios con problemas… y le decía a Dios en oración;
ayúdanos no nos dejes así. Esto no es la vida victoriosa del creyente. Y
entonces, Dios comenzó a hablar a mi corazón y dijo: habla a mí Iglesia lo
siguiente:
Mira tus manos, abre tus ojos y mira tus manos, están llenas de lo que yo no
doy, están llenas de ti. Yo te di vida, yo te puse nombre tú me perteneces, pero
te has alejado de mí y has llenado tu vida de cosas ajenas a mí.
Vives en derrota y no en la victoria que Yo proveo porque no me has dado el
lugar que merezco, poco a poco te has puesto en primer lugar tú y me has
destronado. Vives en derrota porque la derrota esta en el fracaso de tu fe, por
eso tus hijos viven como tú no esperas, por eso no vives la prosperidad que
esperas, por eso tantas enfermedades y tantos contratiempos en las distintas
áreas de tu vida. Cambia las cosas, arrepiéntete de en donde has caído.
Arrepiéntete de haber tomado mi lugar, de haber dado a otras cosas el lugar que
sólo a mí me pertenece. Yo soy tu Salvador. Dame mi lugar, mira
tu vida, examínala y encontraras tu error, el error por el que poco a poco me
has abandonado. Arrepiéntete, cambia las cosas y Yo cuidaré de ti y de tus
necesidades. Así ha sido generación tras generación, Yo honro a los que me
honran.
Mí Poder no ha venido a menos, es tu fidelidad la que ha menguado. No es que
Yo no cumpla las promesas, es que la actitud de tu corazón no es lo que Yo
quiero. Mira tus manos, abre tus ojos y mira tus manos están llenas de lo que yo
no doy, están llenas de vanidad, están llenas de comodidad, están llenas de
carnalidad, están llenas de mundo: pero arrepiéntete y entonces yo las llenaré
de paz, de gozo y de verdadera abundancia. Arrepiéntete y cuando ores te
escuchare y saciare de bien tu vida y veras la victoria que quieres ver y te
gozarás conmigo cuando veas cambiar todas las cosas para bien, para tu bien.
Abre tus ojos y mira tus manos, las tienes llenas de vanidad, arrepiéntete y
entonces levántalas a mí cuando ores y yo las llenare de victoria.
El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a la
Iglesia. Amén.